Antes de comenzar, el maestro escucha cómo desea verse, cómo acostumbra peinarse y qué exige su rutina diaria. A partir de ello, evalúa proporciones, caída del cabello y mantenimiento para construir una recomendación clara.
La tijera permite trabajar con control y detalle, respetando la forma natural del cabello y buscando un resultado que conserve presencia incluso con el paso de los días.